miércoles, 20 de agosto de 2008

GÉNEROS PERIODÍSTICOS

A. Informativos

  • A.1. El Artículo o Noticia (también conocido como la Nota Informativa)
  • A.2. La Entrevista
  • A.3. El Reportaje

B. Opinión

  • B.1. Las Columna de Opinión
  • B.2. Los Editoriales

C. Interpretativos

  • C.1. La Crónica
  • C.2. El Perfil

Más info:

Géneros periodísticos

MEDIA - Prensa > 4 Géneros periodísticos

INTERNET Y LA NOTICIA

(...) La raíz del periodismo, lo que nos funda y define, es la noticia: el elemento básico que constituye los medios, la unidad mínima e irreductible de información cuya construcción es la esencia de la profesión periodística. Solo que ni siquiera tenemos demasiado claro lo que es o no es una noticia en el nuevo entorno digital.

Los criterios de selección de las noticias están basados, al menos en parte, en el espacio disponible en un periódico o informativo de radio y televisión. El modo de contar las noticias ha dependido siempre de los límites de sus diversos soportes: el papel no podía usar vídeo o audio, la radio no podía usar fotos ni aguanta textos largos, como le ocurre a la televisión.

En Internet, por primera vez, tenemos capacidad infinita y la posibilidad de utilizar todos los medios (audio, vídeo, foto, texto) para contar una historia. Es posible ampliar hasta el infinito la información relacionada mediante enlaces. Tenemos la posibilidad de construir noticias en las que estén integrados todos los formatos según las necesidades de la historia a contar.

Hablamos de periodismo de enlaces, de pirámides infinitas, de noticias vivas que no son productos finales, sino que van evolucionando con el tiempo y con la aparición de nueva información. Hablamos de una noticia diseñada no sólo para comunicar lo nuevo, sino para ofrecer toda la ayuda posible a la comprensión.

Los periodistas, los medios, podemos contar lo que queramos y como queramos. Y sin embargo seguimos contando todos lo mismo de la misma forma. Atados a un concepto de noticia que tiene sus orígenes en limitaciones tecnológicas del siglo XIX, la profesión entera parece incapaz de superar los estrechos muros que empequeñecen nuestros productos, y en última instancia nuestras empresas y nuestra profesión. Si no somos capaces de reinventar la noticia misma, si no sabemos adaptar a la nueva realidad la unidad básica de nuestra profesión, nos habremos merecido lo que nos ocurra.

(*) Tomado del blog Retiario del periodista español Pepe Cervera (¿Qué es una noticia?)

DEL AMOR Y OTROS DEMONIOS (prólogo)

Por Gabriel García Márquez

El 26 de octubre de 1949 no fue un día de grandes noticias. El maestro Clemente Manuel Zabala, jefe de redacción del diario donde hacía mis primeras letras de reportero, terminó la reunión de la mañana con dos o tres sugerencias de rutina. No encomendó una tarea concreta a ningún redactor. minutos después se enteró, por teléfono de .que estaban vaciando las criptas funerarias del antiguo convento de Santa Clara, y me ordenó sin ilusiones:

«Date una vuelta por allá a ver qué se te ocurre».

El histórico convento de las clarisas, convertido en hospital desde hacía un siglo, iba a ser vendido para construir en su lugar un hotel de cinco estrellas. Su preciosa capilla estaba casi a la intemperie por el derrumbe paulatino del tejado, pero en sus criptas permanecían enterradas tres generaciones de obispos y abadesas y otras gentes principales. El primer paso era desocuparlas, entregar los restos a quienes los reclamaran, y tirar el saldo en la fosa común.

Me sorprendió el primitivismo del método. Los obreros destapaban las fosas a piocha y azadón, sacaban los ataúdes podridos que se desbarataban con sólo moverlos, y separaban los huesos del mazacote de polvo con jirones de ropa y cabellos marchitos. Cuanto más ilustre era el muerto más arduo era el trabajo, porque había que escarbar en los escombros de los cuerpos y cerner muy fino sus residuos para rescatar las piedras preciosas y las prendas de orfebrería.

El maestro de obra copiaba los datos de la lápida en un cuaderno de escolar, ordenaba los huesos en montones separados, y ponía la hoja con el nombre encima de cada uno para que no se confundieran. Así que mi primera visión al entrar en el templo fue una larga fila de montículos de huesos, recalentados por el bárbaro sol de octubre que se metía a chorros por los portillos del techo, y sin más identidad que el nombre escrito a lápiz en un pedazo de papel. Casi medio siglo después siento todavía el estupor que me causó aquel testimonio terrible del paso arrasador de los años.

Allí estaban, entre muchos otros, un virrey del Perú y su amante secreta; don Toribio de Cáceres y Virtudes, obispo de esta diócesis; varias abadesas del convento, entre ellas la madre Josefa Miranda, y el bachiller en artes don Cristóbal de Eraso, que había consagrado media vida a fabricar los artesonados. Había una cripta cerrada con la lápida del segundo marqués de Casalduero, don Ygnacio de Alfaro y Dueñas, pero cuando la abrieron se vio que estaba vacía y sin usar. En cambio los restos de su marquesa, doña Olalla de Mendoza, estaban con su lápida propia en la cripta vecina. El maestro de obra no le dio importancia: era normal que un noble criollo hubiera aderezado su propia tumba y que lo hubieran sepultado en otra.

En la tercera hornacina del altar mayor, del lado del Evangelio, allí estaba la noticia. La lápida saltó en pedazos al primer golpe de la piocha, y una cabellera viva de un color de cobre intenso se derramó fuera de la cripta. El maestro de obra quiso sacarla completa con la ayuda de sus obreros, y cuanto más tiraban de ella más larga y abundante parecía, hasta que salieron las últimas hebras todavía prendidas a un cráneo de niña. En la hornacina no quedó nada más que unos huesecillos menudos y dispersos, y en la lápida de cantería carcomida por el salitre sólo era legible un nombre sin apellidos: Sierva María de Todos los Ángeles. Extendida en el suelo, la cabellera espléndida medía veintidós metros con once centímetros.

El maestro de obra me explicó sin asombro que el cabello humano crecía un centímetro por mes hasta después de la muerte, y veintidós metros le parecieron un buen promedio para doscientos años. A mí, en cambio, no me pareció tan trivial, porque mi abuela me contaba de niño la leyenda de una marquesita de doce años cuya cabellera le arrastraba como una cola de novia, que había muerto del ¡ mal de rabia por el mordisco de un perro, y era venerada en los pueblos del Caribe por sus muchos milagros. La idea de que esa tumba pudiera ser la suya fue mi noticia de aquel día, y el origen de este libro.

Cartagena de Indias, 1994

LECTURAS RECOMENDADAS

1. A sangre fría, Truman Capote

2. Noticia de un secuestro, Gabriel García Márquez

3. Territorio comanche, Arturo Pérez Reverte

4. Relato de un naúfrago, Gabriel García Márquez


Crónicas
* Ay qué rico, Jaime Bedoya

* Grandes sobras, Beto Ortiz

* Equipaje de mano, Juan Pablo Meneses


Futboleros
* El fútbol a sol y sombra, Eduardo Galeano

* Arqueros, ilusionistas y goleadores, Osvaldo Soriano


Taller
* La bendita manera de contar, Gabriel García Márquez

¿POR QUÉ ES IMPORTANTE LEER?

a. Porque te da conocimientos

b. Porque amplía tu vocabulario (conoces/aprendes palabras nuevas)

c. Porque ayuda a formar y definir tu estilo periodístico

d. Porque estimula y alienta tu imaginación

e. Porque te 'enseña' ortografía

f. Porque te entretiene

+ + +

"Hay quienes creen que nada es mejor para la lectura que la disciplina. Incluso cuando se trata de cosas desagradables, como por ejemplo leer un pésimo libro de 600 páginas hasta el final, aunque ya desde las primeras 50 nos resulte una tarea tediosa, llena de tortura y fastidio.

En contra de estos mandatos de disciplina, Gabriel García Márquez recomienda no sufrir lo que a todas luces debe ser un placer y no un martirio. Aconseja:
"La verdad es que no debe haber libros obligatorios, libros de penitencia, y que el método saludable es renunciar a la lectura en la página en que se vuelva insoportable".
(Por Juan Domingo Argüelles)

domingo, 17 de agosto de 2008

Una vida para enseñar

Por Gabriel García Márquez

"El periodismo es mecánica, hay tuercas y tornillos, pero se aprende"

"En el reportaje hay que dar a conocer el hecho como si el lector hubiera estado allí. Da igual que la noticia se haya olvidado, porque cuando el lector se encuentre con el final de la historia se acordará del principio"

"Uno ha de creerse lo que hace. El aburrimiento del reportero es el aburrimiento del lector"

"El reportaje es como una salchicha, debes saberdónde empieza y dónde acaba, porque si no lo vas llenando de datos y nunca acabas"

"¿Cómo empezar una nota? Piensa en la anécdota que más te impresionó y escríbela. Siempre es difícil, pero siempre sale"

"El objetivo es mantener la atención del lector. Cuando uno siente que corre el riesgo de aburrirse hay que dar un corte, para lo que a veces es muy útil el intertítulo"